En España, la
mayoría de los perros domésticos, principalmente fuera
de las ciudades, viven a la intemperie, solos y alejados
permanentemente del control y la compañía de sus
propietarios.
Los perros de parcelas,
de naves industriales, de jardines y patios traseros de las casas y
aquellos que permanecen encadenados frente a cualquier propiedad
privada, son una triste visión para cualquier persona que
decida darse un paseo por el campo, una urbanización o
atraviese un polígono industrial cualquiera. Desgraciadamente,
muchas de las personas que presencian tal visión, pasan de
largo con indiferencia, sin pararse a pensar la miserable vida y el
horror que sufren los perros condenados a permanecer aislados,
atados, encadenados, pasando frío, soportando la lluvia y
obligados a achicharrarse al sol en pleno verano; la mayoría
de las veces metidos en una cutre y destartalada caseta, si acaso
tienen esa suerte.
Normalmente entre las 6 a 8 semanas de edad el cachorro comienza a ser rechazado por su madre fundamentalmente cuando intenta seguir mamando. Esta situación, llamada desapego primario, tiene la finalidad de debilitar el vínculo materno-filial para que el cachorro se independice y ocupe el lugar que le corresponde dentro de la estructura jerárquica del grupo.
Técnica del giro en U para que el perro no tire de la correa
Regla de Oro Nº 1. Para que no tire, la correa no debe tensarse nunca más.
Esto que puede parecer una perogrullada, es simplificar las cosas al máximo. Y la simplicidad muchas veces es la clave de las cosas.
Cuando sintamos tensión de la correa, por siempre, automáticamente, en cualquier momento, acercaremos el perro a nosotros lo suficiente para que la correa se destense de nuevo.
No daremos un tirón al perro. Lo acercaremos a nosotros, lo que importa es que no se vuelva a repetir la sensación para el perro de que tira de nosotros, y la correa
se mantiene tensada.
El collar Halti, también se llama ronzal o de cabestro. Lo denominaremos Halti por ser esta marca el que lo ha difundido (junto a Gentle Leader), y también por ser recomendable por su calidad.
Su concepto se acerca al de la cabezada de un caballo.
No podemos imaginarnos un caballo con un collar que le permita traccionar desde sus hombros, tipo petral.Nos arrastraría sin esfuerzo. Eso es lo que hacen los perros con collares de cuello.
En especial a los perros que los adiestradores llamamos “de cuello fuerte” (que no son otros que aquellos que, a fuerza de soportar mucha presión
en su cuello, generalmente por ser adiestrados con técnicas tradicionales, se han insensibilizado en esta zona) y no les cuesta esfuerzo tirar desde sus hombros.
Por eso los perros potentes y pesados, insensibles en su cuello deciden “ir a oler nosequé” y se llevan arrastrando a mamá, al niño o a la abuela, sin ningún esfuerzo.